Le pedí que se quedara. Que se quedara por mí, por todos aquellos instantes vividos que ahora ya no estaban. Que se quedara justo en ese lugar, que nunca más avanzara. Intenté arañarle el corazón apelando a los sentimientos, a los recuerdos perfectos. Le supliqué que no se marchara, que no lo podría soportar, que tenía mido de no saber continuar. Le rogué que se detuviera, que no diera un paso más, que me dejara pensar. Que se sentase a mi lado para siempre.
Que tonta fui... ¿cómo se le pide al tiempo que se quede?
Caroline Claire.